El consistorio mostrará su apoyo a los eventos taurinos en Utrera arrojando un toro desde el campanario

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De esta forma Utrera pretende pasar a la historia de la Ciencia refutando el famoso experimento de Galileo y de paso apoyando la celebración de eventos taurinos en Utrera.

El consistorio utrerano apoyará los eventos taurinos arrojando un toro desde el campanario de Santa María, eso es, al menos, lo que ha trascendido a los medios de comunicación. Sin embargo, este periódico sabe de buena tinta que la verdadera razón del sacrificio taurómaco no es la de divulgar la fiesta brava para deleite de unos pocos nostálgicos del puro y la mantilla, sino que tiene un fin puramente científico.

Según relata nuestro confidente (infiltrado en la corporación local desde hace muchos años), en una dependencia de la casa consistorial, un alto cargo político, de cuyo nombre no quiere acordarse, y un funcionario raso mantuvieron una animada conversación sobre el tema la semana pasada. Nuestro topo, siempre alerta a posibles complots y tejemanejes, puso su radio cassette de doble pletina en marcha en cuanto advirtió el más leve atisbo confabulatorio. A continuación, transcribiremos fielmente el fragmento más interesante de la grabación para que los lectores sepan el tipo de chanchullos que se realizan en el Ayuntamiento a sus espaldas:

Pero hombre de Dios, ¿cómo van a llegar al suelo simultáneamente una bola de acero y un toro arrojados desde la misma altura?  El toro llegará antes, ¿no?, que es el que pesa más. No hay que ser Aristóteles para darse cuenta de esta trivialidad.

Que sí, que llegan al mismo tiempo —insistió el funcionario—. ¡Si ya lo demostró Galileo en el siglo XVII!

—¿Galileo Galilei? ¿El mismo que dijo eso tan bonito de «y sin embargo, se mueve» y aquello otro tan profundo de «cuando un tío anda todo el día con detallitos para arriba y para abajo, ese tío es tonto»?

El mismo que viste y calza.

¡Caray con Galileo, las cosas que decía! ¡Bien engañada que ha tenido a la comunidad científica todo este tiempo con el cuento ese de la caída libre de los cuerpos¡ Pero a mí no, a mí no me engaña porque yo de lo que me dicen no me creo nada; y de lo que veo, la mitad. Ya sé lo que haremos: repetiremos el experimento de la torre de Pisa y desenmascararemos a ese charlatán. Utrera pasará a la Historia de la Ciencia por descubrir una de las mayores falacias de la Física, ya verás. ¡García, García! —bramó el alto cargo político— ¡Tráigame ahora mismo un toro y un par de maletillas, nada de primeras espadas, que cuestan un potosí y no están al alcance de las arcas municipales!

¿Y los maletillas para qué son, si el toro es para precipitarlo?

¡Coño, pues para subir el toro al campanario! ¡No pretenderá que lo subamos en brazos, estaríamos apañados! Los maletillas van dando sus verónicas, sus chicuelinas y sus pases de pecho mientras remontan la escalera y así, galleando, galleando, el toro sube solo.

¿También le pondrán banderillas? Lo digo porque parece un poco complicada la maniobra… —Al funcionario se le iluminó la cara de pronto, poco le faltó para gritar un ¡eureka! como la copa de un pino—.  ¿Y si en vez de arrojar un toro, arrojamos un cabra?

Quite, quite. ¿Qué quiere, que algún acémila, que los hay, y muchos, en este Ayuntamiento, malinterprete la cosa, confundiendo la cabra con la señora delegada de turismo y fiestas mayores; y el campanario, con el primer teniente alcalde? ¡Anda, no enrede más, se tira un toro y santas pascuas! ¡Vaya organizándome una semana de la ciencia o algo así!

Rodriguez, el funcionario, pensó para sí que un espectáculo en el que una señora se precipita al vacío desde el lomo de un señor, por muy primer teniente alcalde que sea éste, no queda tan lucido como el de un animal desparramado sobre el porche de Santa María, la verdad sea dicha, aunque quizá sí fuese más conveniente. Y un político siempre debe hacer lo más conveniente.

Pero eso es un despropósito, se nos van a echar encima todos los ecologistas y animalistas de la comarca.

Tiene razón, Rodríguez, los experimentos científicos con animales están muy mal mirados por los ecologistas y la gente de talante progresista en general. Para empezar, tendremos que improvisar una explicación que satisfaga al concejal bolchevique, si no, la vamos a tener. No sé, diremos que es una forma de apoyar la fiesta nacional. Tirar rumiantes desde las torres de las iglesias siempre ha sido una idea muy socorrida para amenizar las fiestas de los pueblos, no creo que nos digan nada por eso.

 

 NOTA: Para la elaboración de este reportaje no se ha maltratado animal alguno. El modelo de la foto fue adquirido en Casa Mascota y posteriormente ubicado junto a la muñeca güendolina que adorna el televisor Telefunken del redactor jefe, donde se espera que tenga un vida larga y placentera.

 

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