Precintan una famosa confitería de Utrera por vender “brazos de gitano” recién amputados

brazo amputed

Un malentendido culinario podría ser el origen de este anecdótico episodio acaecido en una confitería de Utrera. El Dr. Lecter, actual guía del Santuario de Consolación confiesa que él se encontraba en dicho establecimiento por pura casualidad.

La famosa confitería Tiempos Duros, Juan de la Cosa esquina La Sta. María, ha sido precintada por la Benemérita, y su dueño, el señor Clapet, de los Clapet de toda la vida, puesto a disposición judicial por vender, supuestamente, alimentos ilegales.

La voz de alarma la dio un vecino de Utrera que responde con igual premura y decisión a las iniciales J. F. (de los F. de toda la vida) y al aguardiente. Según el agente que estaba de guardia en ese momento, el pasado domingo, a eso de las cinco de la tarde, hora peninsular, se presentó en el cuartel de la Guardia Civil un hombre con el rostro demudado, la voz temblorosa y visibles manchas de miedo en los pantalones, que aseguraba haber visto en el expositor de una pastelería unos brazos de gitano recién amputados. El agente, pese a no dar crédito a la farfulla del denunciante, condescendió finalmente a enviar una pareja al lugar de los hechos, quién sabe si condicionado por la tufarada o por la terquedad e impertinencia del acusica.

Cuando los guardias civiles llegaron al establecimiento para realizar la pertinente inspección ocular se encontraron con un panorama dantesco: junto a los brazos de gitano había chochitos, tetas de novicia, pelotas de fraile, cojones anticristo, lenguas de gato, carajitos del profesor, tetillas de monja y otras «delicatessen» por el estilo. Todo fresquísimo. Los agentes, una vez repuestos del espanto inicial, lleváronse preso al pastelero, requisando tanto los miembros mutilados como el resto de la mercancía.

Según ha manifestado el abogado defensor del señor Clapet a este medio, se prevé que el acusado salga en libertad sin cargos en las próximas horas, en cuanto se aclare un terrible, y no menos natural, malentendido: “Mire usted, señor periodista, la intención de mi cliente no ha sido en ningún momento la de promover el canibalismo. El señor Clapet era jifero allá en las Galias y se vino a Utrera buscando mejor fortuna. Como ya observó Bernard Baruch: ‘Si usted tiene un martillo en sus manos, cualquier cosa que vea le parecerá un clavo’. Pues bien, cuando mi defendido montó el negocio le llamaron poderosamente la atención los nombres de algunos dulces españoles y quiso incluirlos en su muestrario, sólo que interpretó esos nombres al pie de la letra. Ha sido el típico mal entendido, tan frecuente en aquellos que desconocen los entresijos del idioma y toman literalmente el sentido de las palabras, no más. Se habla de la confitería de los horrores; yo hablaría más bien de la confitería de los errores. Es más que probable que el señor juez se monde, se descojone, se parta la caja con este chascarrillo y libere al reo ipso facto“.

Esta historia, en apariencia macabra, pasará sin duda a los anales del humor negro y será registrada a partir de ahora en todas las antologías de gazapos para mejor instrucción de los más legos. No me digan que no es para romperse las ternillas de la risa.