Ardores Espirituales

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Estimado Sr. Dir. de Utrera Today:

En los últimos años, el Triduo Pascual se ha convertido en un auténtico calvario para muchas familias: cada vez con mayor frecuencia, éstas se ven abocadas a la fatal tesitura de elegir entre ver las procesiones o asistir a una barbacoa. Para más inri, esta disyunción es exclusiva: o pasos o parrillada, pero no las dos cosas ni ninguna.

Hasta ahora, todos los medios de comunicación han hecho oídos sordos a este grave problema, que afecta ya a cientos de personas en nuestra localidad. ¿A santo de qué bordar este manto camaronero de silencio? ¿Debo recordar que el fin último del periodismo es ayudar al prójimo como así mismo? El vía crucis que padecen cada Semana Santa muchos utreranos, cuya dolorosa obligación de escoger entre el tufo del incienso y el tufo de los chorizos asados resulta conmovedora hasta para un romano, bien merece un anuncio por palabras en cualquier pío y honrado periódico de nuestra ciudad.

Aún siendo consciente de que estos delicados asuntos (que atañen tanto a la fe como a la ingesta de proteína animal) es mejor dejarlos en manos expertas, no me resigno a proponer mi humilde solución, una suerte de bicarbonato espiritual que ayude a las familias a digerir semejante trance y evite los molestos ardores estomacales y de conciencia:

Para seguir una línea argumentativa sólida y evitar los susomentados problemas de índole teológica y gástrica que puedan dimanarse del consumo de carne durante el Triduo Pascual (recordemos que aunque la Cuaresma termina oficialmente la mañana del Jueves Santo, la abstención se hace extensible al Viernes Santo), partiremos del supuesto de una barbacoa vegana, de esas de tofu y calabacín (ya que no es tiempo de sardinas), de una barbacoa de vigilia, digamos.

Pero, ¿entonces es posible simultanear ambas actividades? Es decir, ¿podría cualquier cofrade de pro comerse unos champiñones a la plancha y beberse un reconfortante batido de germinados al paso de una procesión, en plena carrera oficial, sin que le reprueben su observancia laxa de la doctrina o le manden a la playa por irreverente? —se preguntará el lector con curiosidad—. Y yo le respondo: ¿lo sé yo acaso? ¡No, mi buen amigo, no!

Aprovecho estas líneas para saludar a mi amigo Manolito.

Un utrerano de a pie