“Todo lo vivido” (o como decimos en Utrera “que me quiten lo bailao por bulerías”) se titula la obra escrita por el ex Duque de Palma.
Cada mañana, el director de Utrera Today nos congrega a toda la redacción en la sala de juntas para repartir el trabajo diario, repasar titulares y recalcar que hay que seguir escrupulosamente las directrices que marca el Libro de Estilo del periódico en todos los géneros que sean aplicables, ya sean noticias, reportajes, entrevistas o esquelas mortuorias. Que no podemos escribir como si siguiéramos en parvulitos.
—A ver, Fernández, usted, que es un Fernández como Dios manda, y no uno de esos Fernández que alardean de fernandecismo y luego no saben hacer la w con un canuto, entrevistará a Iñaki Urdangarín. No me importa que ya lo haya hecho Jordi Évole. Quiero una entrevista seria, educada, amable. Nada de ensañarse. Nada de cargar las tintas. Al fin y al cabo, todos cometemos errores. Que el señor Urdangarín conozca el lado más humano del periodismo —ordenó el director.
Arrobado por la responsabilidad, nuestro compañero Fernández, tan aficionado a las legumbres como a las bebidas carbonatadas, o quizá queriendo darnos a conocer, en efecto, el lado más humano (y más íntimo) de su periodismo, no tuvo reparos en compartir con el resto de los allí presentes una ventosidad como Dios manda (Dios mandaba mucho en aquella reunión de ateos). Bastó con que supiera que iba a entrevistar al relojero de Vitoria para que su organismo se expresara con la sinceridad de una Bultaco.
“..bastó que supiera que iba a entrevistar a Urdangarín para que su organismo se expresara con la sinceridad de una Bultaco..”
—Perdón —aclaró Fernández, sin perder la compostura—, tengo un esfínter muy monárquico, muy sensible a las vicisitudes de la realeza española. Tanto es así que me cagué por las patas abajo cuando me enteré de que Juan Carlos I había publicado sus memorias. Literalmente.
—Está disculpado, Fernández —gruñó el director—. No todos los periódicos locales pueden presumir de contar en su plantilla con un auténtico periodista de raza porcina, criado en la pocilga del actual parlamentarismo español y alimentado con desperdicios ideológicos.
—¿Entonces, mi zullenco amigo, puede establecerse un paralelismo claro entre el intento de algunos medios de comunicación de blanquear los desmanes del Campechano y el tratamiento al que te sometiste hace años para aclarar la piel hiperpigmentada de tu ano? —interrumpió Gutiérrez, cuya afligida corbata revelaba cierta fatiga histórica.
—Pues sí —confesó Fernández—. Y no me arrepiento de mi compromiso estético-político.
Roto el tácito acuerdo de silencio corporal que rige la vida en común, muchos de nosotros, trabajadores de Utrera Today, aficionados también a las legumbres y a las bebidas carbonatadas, no tardamos en expresar de igual forma nuestras opiniones políticas. Cada uno desde su colon, cada uno con su discurso. En el aire se entremezclaron llufas conservadoras, cuescos ambiguamente socialdemócratas y alguna que otra gansa con ecos de una Transición mal cerrada. Aquello acabó pareciéndose a un hemiciclo y quedó demostrado que un pedo y una opinión política comparten naturaleza, pues cada cual tolera únicamente el propio y siente arcadas ante los ajenos. El director se puso hecho un basilisco.
“..un pedo y una opinión política son similares, cada cual tolera el propio y siente arcadas ante los ajenos..”
—¡Pero vamos a ver! ¡¿Nosotros no éramos republicanos?! ¡¿No habíamos quedado en que esto era un medio comprometido, crítico, con valores?! ¡Abrid las ventanas inmediatamente! ¡Fuera todos! Así no hay quien defienda la III República ni cierre un maldito titular. Y que os quede claro de una vez —gritó ya fuera de sí, tapándose la nariz con el Libro de Estilo—: antes de b y de p siempre va m, nunca n.
Abrimos las ventanas para que saliera aquel tufo de difícil clasificación ideológica. Luego nos dispersamos, cada mirlo a su nido, sin atrevernos ninguno a confesarle al director que la noche anterior habíamos estado hartándonos de cerveza, cacahuetes y altramuces en el Currito, convencidos de que la revolución empieza en el bar… y acaba, irremediablemente, en las bragas o los calzoncillos. Solo muy de vez en cuando consigue llegar al titular.
Seguiremos informando.
—Oiga, espere, espere, no cierre aún la edición, que tengo una pregunta: ¿y la entrevista al exduque de Palma?
—Vea usted el programa de Jordi Évole si tanto le interesa el asunto y no incordie, hombre, que tenemos mucho trabajo ventilando la sala de juntas.
