La selección debe ser hoy como un buen potaje
Hoy se juega la final. España contra Argentina, no puede ser de otra manera cuando se llega a la final de un campeonato en el que, casualmente, solo quedan dos equipos porque los demás han sido eliminados. ¿Qué pasará en el terreno de juego? It’s very difficult responder a todo esto. Yo, desde luego, no lo haré, no vaya a ser que las cosas no salgan como uno desea y luego le echen la culpa a un medio de tanto prestigio como en el que me estreno hoy.
Ellos tienen a Messi y un puñado de jugadores, todos argentinos. Lo contrario de lo que ocurre en otros lugares, cosa que por lo visto ha levantado mucho revuelo. Si todos los jugadores fueran del Tinte habría que decirlo. Pero en fin, ustedes ya saben cómo soy y lo que pienso, de modo que no insistiré en el asunto.
A mí, horas antes del encuentro lo que me reconforta son las cosas sólidas y bien hechas. Las que tienen fundamento. Pensaba yo en esto mientras contemplaba durante mis paseos el comportamiento de la gallina franciscana utrerana. Un animal verdaderamente notable, autóctono, serio y que sabe perfectamente a lo que va. No anda con aspavientos ni declaraciones estridentes; pone el huevo cuando toca y punto redondo.
Hay quien se cree que la avicultura es otra cosa, pero no; es el huevo, la gallina y el respeto a las normas de la naturaleza. Una gran nación se construye con gallinas así, que trabajan y ponen el huevo donde hay que ponerlo, como no puede ser de otra manera. ¿Fue antes el huevo o la gallina franciscana? Vaya usted a saber. De nuevo no me pronunciaré, no se lo voy a poner a huevo a mis detractores.
¿Fue antes el huevo o la gallina franciscana? Vaya usted a saber.
Me dicen algunos amigos que para el sufrimiento del partido es indispensable tener a mano un mostachón. El mostachón es un dulce que es un dulce y no otra cosa. Es esponjoso pero mantiene la compostura, que es exactamente lo que le pido yo al centro del campo de nuestra selección. Pienso también en un potaje con sus garbanzos y su pringá. Todos los ingredientes conviven en perfecta armonía, que es algo que hoy en día conviene recordar en España más que nunca. Hoy la selección debe ser como un buen potaje, contundente pero con la pringá aparte.
¿Mi pronóstico? Un equipo ganará y el otro será subcampeón. Más que una certeza es un presentimiento, no vaya a ser que me equivoque.
¡Viva la Flor de Utrera!
