El tamaño menguante de los mostachones los haría ideales para encajarlos “a rosca” en las cuencas de los ojos.
Nuestro experto en Óptica y Optometría, el Profesor Franz de la Campiña, ante la escasez de las dichosas gafas de protección para observar eclipses y la aparición de las primeras incidencias con productos de baja calidad que podrían suponer un serio riesgo para nuestra retina, proponía hace unas horas una solución que nos permitiría observar el eclipse sin riesgo alguna para nuestra salud visual.
El Profesor Franz propone usar un par de mostachones previamente “tostados”, más bien “chamuscados” hasta lograr un índice de opacidad lo bastante seguro para mantener nuestros globos oculares a buen recaudo de las temidas radiaciones que emanan del disco solar. Debidamente colocados “a rosca” en las cuencas oculares, el mostachón actuaría como barrera protectora para permitirnos disfrutar de este fenómeno irrepetible.
Franz propone usar un par de mostachones “quemados” como barrera efectiva para bloquear la radiación ultravioleta.
Pero esta solución, aunque ingeniosa, no está exenta de cierto riesgo. Quien aplica el método científico a diario conocerá sin duda uno de los principios fundamentales de la ética en la investigación: “El grado de riesgo que ha de ser tomado no debe exceder nunca el determinado por la importancia humanitaria del problema que ha de ser resuelto con el experimento.” O en lenguaje vulgar que cualquier profano en la ciencia puede entender, “no te dejes el mostachón mucho rato o al retirarlo te traerás las bolillas de los ojos“.
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